Facebook, te odio

Aunque últimamente ando bastante desaparecido de las redes sociales, algunos de los que me seguís sabéis que tengo una relación de amor-odio con ellas. Pero lo de Facebook va camino ya de convertirse en una relación tóxica.

Cuando creé la fanpage de Algo Épico, mi objetivo era (y sigue siendo) intentar darme a conocer poco a poco como escritor para que los libros que escriba no acaben encerrados en mis estanterías, sino que salgan a conocer mundo y a follarse a otros libros. No la creé para ganar dinero con ella, al menos no de forma directa. Sin embargo, hace unos meses apareció una oportunidad ante mis ojos: ganar dinero publicando vídeos.

En YouTube no me sigue ni mi sombra, pero en Facebook ya empezamos a ser una gran familia, así que me dije: «si gano algo de dinero con los vídeos, podré financiarme y sobrevivir mientras termino de escribir mi primera novela». De modo que me puse manos a la obra.

Algunos ejemplos:

Cada uno de los vídeos lo edité yo mismo, utilicé imágenes grabadas por mí en algunos y me suscribí a un banco de material de stock para poder utilizar (con licencia) algunos clips de vídeo y algunas canciones para mis ediciones y, además, para uno de mis vídeos contraté a un actor de doblaje que es un crack para que narre uno de mis textos.

El resultado: Facebook me sanciona por «compartir contenido no auténtico o utilizar contenido de otras fuentes con poco valor añadido». Página desmonetizada de por vida. Sin aviso previo, sin dar explicaciones, sin decir qué le pica.

Vi que había un botón para «apelar». Me dije: «bueno, seguramente esto es cosa de un bot que ha dado un falso positivo; tal vez saltó un filtro por una de las canciones de mis vídeos, pero tengo licencia comprada de todas ellas, solo es aclararlo en la apelación». Pulso el botón y… nada, no hay dónde escribir, ni adjuntar documentos… nada. El botón de apelar solo sirve para ser pulsado y nada más.

Te sancionan de forma injusta y sin darte un motivo concreto, y después puedes «apelar» la decisión, pero sin dar ningún motivo. Pulsas un botoncito para que se pase por tu página una persona que seguramente ni siquiera habla tu mismo idioma. Un tipo que va a «revisar» tu caso sin saber ni qué coño está mirando.

Todo muy lógico…

Mientras tanto, hay montones de páginas haciendo cada mes cifras escandalosas subiendo vídeos robados que editan cambiando la proporción, el color, la velocidad, etc para colársela a Facebook. Y se la cuelan. ¡Vaya que si se la cuelan! Se la meten doblada y sin lubricar. Y oye, que a mí me da igual, pero no me jodas a mí, que lo hago bien.

Como a veces gasto dinero en publicidad y eso sí le mola a Facebook, tengo acceso a un chat de soporte. Así que les escribo. Les mando muchas pruebas, les muestro mis vídeos y me dan la razón, pero dicen que no pueden hacer nada porque no es su departamento.

—¿Puede derivarme al departamento correcto entonces?
—Lo siento: no es posible hacer eso —me responde el asalariado de Facebook.
—Entonces deme una dirección email o la dirección de un formulario de contacto.
—La única manera es apelando hasta que le acepten la apelación —me aconseja.
—Es decir, pulsando el botón una y otra vez como si no hubiera un mañana.
—Eso es —me responde.
—…
—Por favor, le llegará una encuentra por email tras esta conversación. Le agradecería que me valore positivamente. ¿Tiene alguna duda más que desee que le resuelva?

Me despido cordialmente mientras le odio (no tan) en secreto y pulso el dichoso botón, el cual me arroja a la cara el mensaje «usted no puede apelar».

Vuelvo a escribir por el chat de soporte, donde me atiende otra persona a la que le tengo que soltar todo el rollo otra vez. Pero lo resumiré:

—Que no me funciona el botón de apelar.
—Espere siete días y podrá apelar —me sugiere otro asalariado de Facebook.
—Podrían poner eso en el mensaje de error, en lugar de «usted no puede apelar». Entonces, ¿voy a tener que apelar cada semana hasta que alguien mire mi página?
—Sí, es la única solución que puedo darle. No es nuestro departamento.
—…
—Le llegará una breve encuesta para valorar mi atención. Le agradecería que bla bla bla.

Pasan siete días y el botón no funciona.

Pasan otra semana más y sigue sin funcionar.

Pasan otros quince más y nada.

Intento escribir al chat de soporte y pone que no hay nadie disponible, que deje un mensaje y me conarán por email. Resumo la secuencia de emails:

Yo: mis vídeos son originales y soy capaz de mear a tres metros de distancia.
Asalariado de F: pulse el botón de apelar.
Yo: el botón no funciona y llevo un mes esperando.
Asalariado de F: eso es que superó el número máximo de intentos de apelación.
Yo: y después de superar el número máximo de intentos (uno), ¿mi fanpage quedará baneada de por vida del sistema de monetización? ¿A pesar de que usted está viendo con sus propios ojos que mi contenido cumple las normas?
Asalariado de F: si no le funciona el botón será porque la decisión es definitiva. Y si es definitiva es que alguna norma incumple. Facebook revisa siempre todo minuciosamente y no comete fallos. Facebook es capaz de hacer el pino con las orejas. Facebook es Dios. Facebook me pone. Facebook. ¡Facebook! ¡Oh, sí! ¡FACEBOOOOOKKKKK! ¡Ahhhhhh! … Le vamos a enviar una breve encuesta a su email…

De eso ya han pasado unos tres meses. Mi fanpage sigue desmonetizada y previsiblemente seguirá así para siempre. Se supone que los baneos y sanciones que impone el gran Fuckbook duran tres meses, pero a mí me han bloqueado sin razón, sin aviso previo y sin darme posibilidad de apelar, así que ¿por qué no iba a ser de por vida?

He llegado a la conclusión de que Facebug solo considera originales aquellos vídeos que cumplen las siguientes condiciones:

  1. Debes salir tú mismo en el vídeo.
  2. Debes grabarte tú mismo con una cámara fabricada con tus propias manos.
  3. Si sale otra persona en el vídeo, esa persona tienes que ser tú también.
  4. Se permite el uso de música, siempre y cuando seas tú cantando.
  5. Si decides hablar, tiene que ser en un idioma que hayas inventado tú.
  6. Debes cambiarte el nombre por uno original, usando una secuencia de un mínimo de diez caracteres entre los que se permite el uso de letras, números y guiones.
  7. El fondo debe ser una pared de tu propia casa, a ser posible de color blanco.
  8. Al comienzo del vídeo tienes que repetir tres veces: «Facebook es mi dueño, Facebook da para paja», pero no te olvides de decirlo utilizando tu idioma propio.
  9. Reza (en tu idioma) tres avemarías y pide perdón por ser un pecador de la pradera incapaz de crear contenido original (según Facebook).
  10. Pero reza a un dios desconocido (todos los dioses conocidos tienen copyright).

Alabado sea Facebook.

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