Optimismo realista

Estimados lectores (¡joder!, qué formal me ha quedado):

No me he muerto ni me he marchado a vivir a una cueva. Si no estoy actualizando mi blog desde hace tiempo, es porque estoy concentrado en terminar la novela que va a provocar que tu vida dé un giro de 360º (después de leerla seguirás como estás ahora, pero mucho más mareado). Ya queda menos y me muero de ganas de que podáis leer esta novela tan estúpidamente genial que me estoy sacando del coco.

Un pequeño fragmento de lo que estoy escribiendo:

Están los pesimistas, que prefieren ver todo de forma negativa para evitar ilusionarse, no sea que al final las cosas no salgan como creían y se lleven una decepción. Ellos piensan que si no esperas nada de la vida, las hostias van a doler menos: yo fui así. No se dan cuenta de que siendo negativos, sin querer, van a sabotear la mayoría de sus oportunidades de conseguir cosas buenas.

Luego están los «realistas»: un «realista» no es más que un pesimista camuflado. Punto.

Por último nos quedan los optimistas, pero yo considero que hay dos tipos de optimismo: el optimismo ciego y el optimismo realista.

El optimista ciego es un invidente selectivo: igual de idiota que el pesimista, pero al revés: sonríe o muere: ve color donde solo hay gris y cree firmemente que un golpe de suerte le va a dar todo sin mover un puto dedo.

El optimista realista ve toda la realidad, no niega las cosas malas, pero procura enfocarse en las soluciones, no en los problemas. El optimismo es mucho más que ver todo con buenos ojos; también es ser capaz de ver las posibilidades que los pesimistas, los realistas y los optimistas ciegos, no ven. Es una cuestión pragmática: se trata de ir hacia donde quieres ir y disfrutar del camino, incluso aunque nunca llegues.

De la novela “Algo Épico“, de Javier Busquets

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