Desde que vinimos a España, mi esposa me ha apoyado dándome ánimos cada vez que me bloqueaba, cada vez que sentía que no avanzaba al ritmo suficiente con la novela, cada vez que yo creía que todo lo que he escrito es una puta mierda y que nunca seré un escritor de verdad. También ha cuidado más tiempo que yo de nuestra bebé, para que tuviese tiempo para escribir y conseguir cumplir mi sueño. Bueno… uno de mis sueños, pues mi mayor sueño ya lo he cumplido.

Mi familia

Hace un par de meses, le salió un trabajo de verano y me preguntó que si me parecía bien que lo aceptase, aunque aún no haya terminado la novela. Claro que me parecía bien. No era de lo suyo, pero era su primer trabajo en España y un primer paso aquí. Más adelante tendrá oportunidades de continuar su carrera profesional con puestos a su nivel de conocimientos y experiencia. Y no porque yo lo desee, sino porque ella lo vale: negocio que ha tocado, negocio que ha multiplicado sus beneficios: son hechos, no palabras.

—¿Seguro? —Me preguntó— . ¿Vas a tener tiempo suficiente para escribir?

—Seguro —respondí— . Acepta ese trabajo.

Dentro de mí, sabía que esto iba a retrasar la novela, pero no se lo dije. De haberlo hecho, mi esposa habría rechazado el puesto y los dos necesitábamos que lo acepte: ella necesitaba volver a trabajar para sentirse activa de nuevo y yo necesitaba que ella esté bien y se sienta realizada.

Han pasado casi dos meses desde entonces y ese es el tiempo que llevo sin escribir, aunque las cosas están a punto de cambiar: nuevas oportunidades, otros horarios mejores, etc. Confieso que algunos días he estado muy desanimado por ello, pero luego veo cómo están evolucionando las cosas y me siento de puta madre, porque todo está saliendo bien. A mi esposa se le están abriendo ahora más oportunidades, mi hija está cada día más grande y más guapa y yo, no sé cuánto tardaré, pero te garantizo que lo voy a conseguir. Esto es un trabajo en equipo. Juntos llegaremos mucho más lejos.

Llegó nuestro aniversario de boda, el cual celebramos por todo lo alto, pero de eso hablaré en otro momento, o tal vez no, el caso es que me hizo dos regalos que aparecen en la fotografía: con el de la izquierda terminaré la novela y con el de la derecha firmaré y dedicaré los ejemplares, antes de enviarlos a los hogares de los locos que se atrevan a comprar esta novela.

—Quiero que sigas escribiendo —me dijo mi esposa—. Yo creo en ti.

Regalos aniversario
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